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Hibi: Capítulo 3

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Fotografía (写真, Shashin?) es el tercer capítulo de la novela Tokyo Ghoul: Hibi. Materializada a la literatura por Shin Towada e Ilustrada por Sui Ishida. Esta Novela en especial cuenta la historia de cómo se conocieron Shuu Tsukiyama y Chie Hori.

Sinopsis

La historia de éste capítulo trata de cómo se conocieron Shuu Tsukiyama y Chie Hori mediante una investigación en una escuela secundaria, sin saberlo Shuu se verá integrado en ésta investigación pero no en contra sino como un aliado en el momento inesperado, mediante las fotografías Shuu y Chie se encargarán de la investigación como si fueran viejos compañeros en un trabajo casual contra un Ghoul desconocido, así que el siguiente trabajo sera llegar al paradero de este Ghoul ¿Quién sera este misterioso Ghoul?

Protagonistas del Capítulo

Capítulo Completo


Tenía que mostrarse al mundo. Después de todo, él era “el Gourmet” Tsukiyama Shuu.

Los eventos de esta historia ocurrieron algunos años antes de que Kaneki conociera a Rize, mientras pasaba sus días como “humano”, bajo la ilusión de que el mundo estaba paz.

En esta ciudad existían ghouls.

Una noche en que la luna brillaba hermosamente se encontraba cazando a cierta presa. La parte de ésta que más le gustaba eran sus pantorrillas. Él acostumbraba correr luego del trabajo, y se decía que una vez había participado de una importante maratón japonesa.

Pero ahora, ese hombre ya no tenía piernas con las que correr.

Aún podía verlo, el momento en que su presa se percató de que era seguido por alguien sospechoso y cuando intentó huir desesperadamente… fue espléndido, pero para un ghoul como Tsukiyama era como perseguir a un bebé.

−Esas piernas que antes corrían sobre el pavimento… sin rastro alguno de indeseados músculos. Estoy muy agradecido por su existencia. Han estado corriendo toda su vida por este preciso momento ¡por el privilegio de ser digeridos por mí!

En medio de un parque en donde no se veía ningún alma, el hombre que ahora había perdido ambas piernas yacía sumergido en un mar de su propia sangre. Estaba inconsciente debido al shock que le había causado la pérdida de sangre.

Al no obtener más reacciones de su presa, Tsukiyama se sentía un poco solitario. Sin embargo, tomó esas piernas y estimulo su apetito hasta el extremo.

−No te preocupes, claro que eres el plato principal. Fuiste muy considerado al hacer los arreglos preliminares. Bien ¡empezaré a comer tu carne antes de que se estropee! −dijo Tsukiyama, mientras una expresión de éxtasis aparecía en su rostro.

Agarró la pantorrilla del hombre y comenzó a lamerle la sangre.

El cuerpo de Tsukiyama claramente había dejado de ser el de un niño, pero su comportamiento era demasiado infantil como para llamarlo adulto. Mientras sus pupilas, que se habían vuelto carmesí como una granada, lo hacían ver monstruoso, ellas también le otorgaban un encanto fascinante.

Tsukiyama Shuu tenía 16 años. Mientras el sol brillaba era solo un estudiante de preparatoria que se esforzaba en sus estudios, pero en realidad era un ghoul. Una selecta existencia, un ser que debía ser selecto. Y para mejorar aún más era esencial la parte “gourmet”.

−¡Sé mi alimento y hazme brillar aún más!

Y en ese preciso momento, mientras Tsukiyama abría su boca, tanto que su grácil rostro se distorsionaba, tratando de morder la pantorrilla del hombre con todas sus fuerzas.

−¡¿…?!

De pronto, vio una luz deslumbrante. Un flash, acompañado por el sonido de un obturador.

Masticando cuidadosamente la carne que había mordido, Tsukiyama se volvió hacia la fuente de la luz y el sonido. Pero incluso antes de comprender lo que ocurría escuchó un sonido inesperado.

−¡Muy bien, lo tengo!

Una persona sostenía una cámara digital réflex en su mano derecha y apuntaba con su mano izquierda al cielo estrellado. A juzgar por su aspecto se trataba de una chica que podría haber estado en primaria.

Su conciencia volvía lentamente de la comida que estaba disfrutando, se giró hacia la chica y dejó que la carne que había mordido pasara por su garganta sin saborearla apropiadamente.

En el momento en que su garganta emitió un sonido al tragar Tsukiyama finalmente volvió en sí.

−Cómo te atreves a interrumpirme… –dijo, temblando de ira.

¡Tuvo que tragar sin haber podido saborear plenamente su cena! Aún ignorante de lo que había hecho, la chica daba saltitos como si la alegría brotara por cada poro de su cuerpo.

−¡…arruinaste mi primer bocado!

Tsukiyama tiró la pierna del hombre y pateó el suelo. El impacto fue tan grande que se formó un agujero. Avanzó directamente hacia la chica enseñando los dientes con la intención de extinguir su vida. En algunos segundos el número de cuerpos aumentaría… o eso era lo que se suponía.

−¡Whoa!

Sin embargo, la chica lo evadió agachándose y ocultándose astutamente detrás de un tobogán.

El puño de Tsukiyama destruyó primero el tobogán.

 −¡Woooh! –gritó la chica, en un gesto de admiración que hacía difícil creer que comprendía la situación.

Y entonces huyó a toda velocidad, haciendo que la mochila que llevaba se balanceara hacia adelante y atrás. ¿Cómo podía siquiera haber esquivado su ataque? ¿Era un ghoul? ¿Un investigador ghoul?

Pero no olía como un ghoul, y no parecía portar una quinque. Ella tenía una esencia absolutamente normal, podía encontrarse en cualquier lugar.

Debía conocer muy bien los alrededores, pues salió corriendo del centro sin vacilar. Además, parecía ser mucho más rápida que el hombre que había elegido para la cena. Corrió por una calle estrecha y con calma cruzó por entre unas casas, fue hacia adelante, hacia atrás, hacia la derecha y hacia la izquierda, realizando hábiles maniobras.

Tsukiyama saltó sobre un montón de cajas cercanas y luego hacia un poste de electricidad, se agarró de un perno y con un gran movimiento, como si fuera la vara de un gran atleta, se catapultó a la cima del edificio.

−Tú… ¡eres un rápido e inquieto ratoncito!

En medio de la noche, cuando toda la ciudad dormía, pasos anormalmente rápidos podían escucharse. Incluso si no podía ver su figura corriendo podía sentirla, pues Tsukiyama poseía un excepcional sentido del olfato. Después de un rato la chica entró en un estrecho callejón y se detuvo. El juego llegaba hasta aquí.

Saltó suavemente desde lo alto del tejado y aterrizó cerca de ella. La chica se encontraba de espaldas a él y se sentó, su cuerpo temblaba. Se preguntó si ella temblaba de miedo.

Una vez más observó la figura de la chica. Era pequeña, con el pelo negro cortado de manera casual. Quizás fue porque estaba sentada, pero realmente parecía un hámster.

Su cuerpo era tan aburrido que estaba impresionado de que alguien fuera tan poco atractivo. De todos modos, perturbar la cena de Tsukiyama Shuu era un grave crimen y, mientras pensaba en cómo debía ventilar su ira, comenzó a caminar hacia la chica.

−¡Ta-dah! –gritó la chica, girándose hacia él.

−Después de todo ella no entiende la situación –pensó, mientras ese rostro radiante aparecía frente a sus ojos.

No sabía en qué pensaba esa chica, se quedó paralizado por un momento.

−¡Mira! ¿No es genial? –presumió.

Sostenía una laptop en sus manos, mostrando lo que estaba en la pantalla.

Chie Hori sosteniendo la laptop.jpg

−Espera… ¿¡e-ese soy yo!?

Era una foto de Tsukiyama cuando estaba a punto de morder a su presa. Ella lanzó un profundo suspiro y se levantó de golpe para mirarlo a la cara.

−Eres Tsukiyama Shuu ¿verdad?

Otra sorpresa, ella había pronunciado su nombre.

−¿Quién demonios es este hámster? –pensó Tsukiyama.

Debía tener cuidado, no podía tomarla a la ligera. Pero entonces la chica sacó algo de su mochila.

−¡Aquí, mira esto!

Ella le mostró sin dudar el carnet de estudiante de la escuela a la que Tsukiyama asistía, la Senior High School, afiliada a la Universidad Seinan Gakuin. Ahí, junto a su foto de identificación se encontraba escrito el nombre Hori Chie.

−¿Hori… Chie? –dijo Tsukiyama, inseguro de sobre la pronunciación correcta.

−Sí, puedes llamarme Hori Chie –dijo, cerrando la identificación con una sonrisa despreocupada– Estoy cansada de tanto correr ¡invítame a algo dulce!




Tsukiyama Shuu se sentó en la mesa de un café que permanecía abierto hasta altas horas de la noche. Frente a él se sentó Hori Chie, que estaba engullendo un parfait extra grande. Devoró la comida con avidez, de una manera tan incomparablemente indecente que lo dejó preguntándose si acaso no habría comido en días.

−¿No puedes comer de una forma más elegante, pequeño y sucio ratoncito?

−No soy una dama de todas formas –mencionó ella, aparentemente harta de su taza de café.

Ciertamente, si la mirabas de pies a cabeza ella estaba lejos de ser una dama. Una chica que asistía a la misma escuela que él y que además parecía estar en su mismo grado. Rápidamente Hori Chie acabó con su parfait, bebió su jugo y finalmente comenzó a hablar.

−Ya sabes, de alguna forma lo presentí, olías como una primicia Tsukiyama-kun.

Una primicia. Entonces ese era el caso, ella intentará vender esta información a alguien o quizás tratará de amenazarlo.

−Por esto fingí durante tanto tiempo –dijo, tomando con suavidad su cámara– Y ¡bingo! ya estoy completamente satisfecha.

Al oírla hablar de sus logros, Tsukiyama se preguntó si estaba jugando al gato y al ratón con él.

−¿Cuál es tu propósito? –preguntó Tsukiyama, poniendo la taza en el platillo.

−¿Propósito? Ya lo he conseguido –dijo ella, inclinando la cabeza.

−¿Pardon me?

−Mira, −dijo mientras sacudía su cámara de arriba a abajo− estaba tras de ti porque quería una foto increíble. Pero esto superó mis expectativas… por eso digo que ya conseguí mi objetivo.

−No puede ser ¡no hay forma de conseguir una primicia de alguien tan magnifico como yo solo por hobby!

−Entonces qué ¿quieres ser expuesto? Si quieres puedo hacerlo ahora mismo −dijo Chie y rebuscó en su mochila para sacar su laptop.

−Non, non! cálmate pequeña amiga −respondió Tsukiyama, que acostumbraba mezclar el idioma con palabras extranjeras.

−Huh ¿qué le pasa? –murmuró Chie, dejando la mochila a un lado.

De todas formas ¿cómo podía estar tan tranquila? Estaba frente a un ghoul que hace apenas unas horas estaba a punto de devorar las piernas de un hombre. Además, era insólito que un ser humano pudiera capturar una escena tan atroz con tanta calma como ella. ¿Qué la hacía ser así? Quizás, como aquél proverbio sobre las habilidades del halcón, era un humano anormalmente perceptivo. Fue capaz de fotografiar ese crucial momento sin que él se diera cuenta, claramente ese era el caso.

Sí, esta era la respuesta más convincente.

−Entonces ¿esa fotografía era tan importante para ti? ¿habrías muerto por ella? –preguntó Tsukiyama, tratando de cambiar de tema.

La mayoría de los humanos se abrían alegremente al diálogo cuando se hablaba de algo que los apasiona. Bueno, los ghouls probablemente no eran diferentes en ese aspecto.

Sin embargo, ella parecía cansada de la conversación.

−No, no pienso en cosas tan complicadas como esas y tampoco quiero morir –dijo, mientras movía los pies de un lado a otro.

No había señal alguna de que mordería el anzuelo.

−Pero, aun no entiendo ¿por qué lo hiciste?

−¿Hm?

La chica tenía una mirada ausente y se quedó en silencio por un rato. Pero estaba bien, él podía esperar a que respondiera. Por triviales que fueran sus palabras, inconscientemente estas revelarían algo de su verdadera naturaleza. Sin embargo, su respuesta estuvo muy por debajo de esperado.

−Ah, me estoy aburriendo.

Hori Chie dejó escapar un bostezo maleducado, frotó sus ojos y se levantó.

−Ah, realmente no estoy interesada en mostrarle la foto a cualquiera. Aprecio mi vida, y todo eso. Gracias por el parfait, nos vemos –dijo, poniéndose la mochila y caminando relajadamente.

−Espera ¡ratoncito!

Sin prestar atención a la súplica de Tsukiyama, ella salió de la cafetería, dejándolo pagar la cuenta.

−¡Santo cielo! ¡Que deba cargar con un calvario como éste!

El abandonado Tsukiyama pidió otra taza de café y se perdió en sus pensamientos. Matar a la chica era bastante fácil, pero borrarla habiendo comprendido tan poco de ella sería demasiado imprudente. También estaba la posibilidad de que esto fuera una especie de trampa, por lo que abalanzarse sobre ella podría traer terribles consecuencias.

Hundido en sus pensamientos, podía escuchar una suave voz que desde el fondo de su mente le decía “Tsukiyama-kun, debe ser un poco más cuidadoso.”

Era la voz del dueño del Café Anteiku, Yoshimura, quien le había dado ese consejo el otro día, cuando hizo una parada ahí. En ese momento Tsukiyama le había dicho que tenía todo bajo control, que no había necesidad de preocuparse, pero… ¿ahora?

−Señor Yoshimura ¿te habrás referido a este ratoncito? Por cosas como ésta es que no se te puede tomar a la ligera.

Tsukiyama dio un golpecito a la taza de café.

La Senior High School, afiliada a la prestigiosa Universidad Seinan Gakuin. El atractivo de esta escuela era su objetivo educacional de mejorar el valor de lo individual y dejar a los estudiantes desarrollarse como persona. Por eso, se respetaba especialmente la libertad y creatividad de los estudiantes. Muchos niños de familias influyentes y ricas se inscribían aquí y, justamente por eso, era conocida como una escuela para celebridades.

−Buenos días, Tsukiyama-san.

−Te ves bien hoy.

−Ah, buenos días muchachas encantadoras. Es como si estuviera escuchando ángeles cantar.

Usando palabras así de bonitas, enunciadas de forma tan elegante, podía sentirse de inmediato su sofisticación. Los padres de estas jovencitas se habían esforzado al enseñarles modales, y habían sido refinadas toda su vida, por lo que Tsukiyama les dio su mejor sonrisa.

−Encantadoras…?

−Él enserio dice esas cursilerías…

A diferencia de la división primaria y secundaria, en la preparatoria los estudiantes más comunes podían inscribirse. Y había algunos bastante desagradables. Tsukiyama se volteó para mirar a los estudiantes que en una esquina de la sala de clases estaban haciendo comentarios sobre él.

−Cualquier persona que vea a estas chicas pensaría lo mismo. Solo manifestaba la voz de mi interior. El que nieguen la honestidad en mis cumplidos me hiere…

¿No es esto lo correcto? pensó con los ojos entrecerrados. Se percibía el peculiar aire que Tsukiyama traía con sus palabras, los dos compañeros guardaron silencio. Incluso sin mostrar sus colmillos, los débiles no fueron rivales para los fuertes.

−Oh, antes de que lo olvide…

Tsukiyama salió del salón y se dirigió a uno de los pisos inferiores. La persona en que estaba pensando no había llegado aún a la escuela, por lo que apoyó su espalda en la pared del corredor, cruzó los brazos y esperó durante unos diez minutos.

−…y ahí está.

Se podía oír el sonido de escandalosos y apresurados pasos que se acercaban. Era la chica que lo había fotografiado mientras devoraba a su presa, Hori Chie. Cuando la vio, notó la cámara colgando en su cuello y una mochila que parecía ir en contra de los reglamentos escolares. Tsukiyama se levantó de la pared y se volvió hacia la chica. Parece que ella finalmente lo había notado.

−¡Buenos días!

Y tras decir esto entró rápidamente al salón de clases. Quizás era tal como la chica había dicho la noche anterior, ya había conseguido lo que buscaba, por lo que no tenía intención de involucrarse con él nunca más. Pero no, era muy pronto para relajarse, ella había descubierto su secreto. Desde ese día, Tsukiyama iba a observarla cuidadosamente.

−¿Hori-san? no sé si deba decirlo, pero es famosa en la escuela por ser un bicho raro.

Cuando le preguntaba a los demás, todos daban la misma respuesta. Todos dijeron que era una maniaca de la fotografía con un espíritu osado y despreocupado. No se había dado cuenta antes, pero ahora podía verla persiguiendo insectos por el patio durante el recreo y escalando árboles luego de la escuela, tomando fotos del cielo. Ella siempre estaba activa, haciendo cosas extrañas.

−¡Oh mira, es Hori-san!

−Ella sí que es animada.

Mientras escuchaba los susurros de los demás, Tsukiyama oyó los pasos de Chie acercándose. Sus pasos resonaban en un constante staccato. ¿Qué tan enérgica era ella?

−…hm, finalmente está aquí.

Entonces sus oídos captaron otros pasos a la distancia. Durante el descanso, la maestra encargada de su clase Matsumae entró al salón.

−Tsukiyama-kun ¿tiene un minuto?

−Sí −respondió Tsukiyama, siguiéndola hacia el pasillo.

Matsumae preguntó en voz baja, para no ser escuchada por nadie a su alrededor.

−¿Quiere que la elimine, Shuu-sama?

Tsukiyama sacudió la cabeza en señal de desaprobación.

−Matsumae… estoy feliz de que estés dispuesta a ir así de lejos, pero este es mi problema. Además, si soy capaz de vencer este problema, tengo la sensación de que podría superarme a mí mismo nuevamente. Debo limpiar por mí mismo después de todo.

Tsukiyama y Matsumae.jpg

Ella era una criada de la familia Tsukiyama, Matsumae. Por supuesto, también era un ghoul.

−Yo… yo me disculpo. No era debía inmiscuirme en los asuntos de Shuu-sama. Me avergüenzo de mí misma.

−No, está bien. Tus sentimientos se han expresado lo suficientemente bien. Dejando eso a un lado, ¿has sido tan amable como para investigar esta chica?

Matsumae inclinó respetuosamente la cabeza en señal de asentimiento.

−Sí. Hori Chie. Su familia es muy común. Le fue bien en el examen de ingreso, por lo que parece haber sido admitida en la escuela mediante una beca. Pero luego de matricularse, sus calificaciones bajaron y se volvieron inconsistentes, y esto hizo difícil para ella para el seguir recibiendo la beca.

Parecía que a ella no le apasionaba estudiar. Si ese era el caso ¿por qué elegiría ella esta escuela?

−Al parecer la razón para entrar en esta escuela fue que “era la más cercana a su casa”. Luego de eso, ella mejoró sus calificaciones hasta un nivel en que pudiera conservar la beca pero, como usted probablemente sabrá, lo único que la apasiona es la fotografía.

Parece que no participa de las actividades del club, al hablar con el asesor del club de fotografía él me dijo que había tenido oportunidad de ver sus capturas y que algunas habían sido tomadas con tanta torpeza que lo habían dejado preguntándose si eran obra de un niño. Por otro lado, también dijo haber evaluado algunas tan excelentes que ningún aficionado podría haberlas tomado.

Tal vez ella era tan inconsistente en la fotografía como lo era en sus estudios; como un conejillo de indias moviéndose sin propósito alguno.

−También soy maestra en su clase, y honestamente no veo nada especial en ella. No es tan estudiosa como para considerarla esforzada, pero tampoco tan despreocupada como para llamarla perezosa.

−Entonces, no se le puede distinguir de un idiota o un sabio. Como el número cero del tarot, el loco.

−Siento no ser capaz de ayudarle.

−No, está bien. Avísame si sabes algo más.

−Como guste.

Al parecer, las cosas iban a ser extraordinariamente difíciles. Aun así, le intrigaba el cómo podía seguir siendo un misterio incluso habiéndola investigado. Tal vez era hora de mejorar su conocimiento acerca de los seres humanos.

Cuando Tsukiyama regresó al salón y tomó asiento la chica sentada a su lado le preguntó:

−¿Pasa algo?

Ella tenía una hermosa y sedosa cabellera negra, y una mirada intelectual. A pesar de lo que trataba de aparentar, un brillo de entusiasmo podía verse en sus ojos.

−¿Estabas escuchando, señorita Ikaru?

−Fue porque estaban hablando demasiado alto. Incluso me pregunté si estaban dejándome oír a propósito. De cualquier forma ¿qué pasa con Hori-san?

Oír sus voces susurrantes en el pasillo de la sala de clases, que había sido inundado por el ruido durante la hora de descanso, era una hazaña de la cual ningún humano ordinario era capaz. Sin embargo, era una historia diferente para ghouls. Ellos generalmente se ocultaban, pero esta chica era uno de esos asombrosos ghouls que intentaban mezclarse en la sociedad humana. Su gran esfuerzo y actitud eran algo sorprendente.

−La verdad es… que tomó una foto de mí mientras “cenaba”.

−¡…no es cierto!

−Fui idiota… es verdad.

Tsukiyama se encogió de hombros, suspiró profundamente y sacudió la cabeza.

−¿Por qué no la mataste? –preguntó ella.

−Porque aún tengo que entender su verdadera naturaleza.

−Que problemático… –murmuró la chica, tomada por sorpresa.

En ese momento, Chie pasó corriendo por el pasillo. Sus ojos la siguieron.

−Yo no estaba interesado en ella antes, por lo que no la había conocido, pero este pequeño ratoncito parece ser bastante famoso esta escuela por ser un bicho raro.

−Hablando de ser famoso, tú también eres como una celebridad por aquí, después de todo eres el heredero de la distinguida familia Tsukiyama. Tu familia tiene profundas conexiones e influencias en el mundo de la política y los negocios. Si no mal recuerdo, tu familia amasó una gran fortuna durante la generación de tu abuelo.

A modo de reverencia, Tsukiyama puso una mano sobre su pecho.

−Eso es porque mi abuelo era un aventurero. Él exportaba “cosas inusuales” por todo el mundo e hizo una fortuna. Es mi orgullo –dijo alardeando.

−Por sobre todo aquello, eres exitoso tanto en lo académico como en lo atlético. Y aun así, tienes esta forma… “única” de actuar. Eres llamativo, lo quieras o no. Me sorprende que nadie de tu familia haya sido descubierto aun siendo tan connotados. Es admirable.

Una vez más, Chie corrió por el pasillo colindante a ellos. La conversación se interrumpió cuando voltearon a mirarla por segunda vez.

−¿No es raro que nunca la notaras a pesar de ser tan ruidosa? Ya veo lo exigente que eres en cuanto a tu “selección”.

Quizás no se dio cuenta debido a ese insípido olor que tenía, ella no lograba estimular su apetito en lo absoluto. Tampoco podía sentir atracción alguna hacia su cuerpo de niño. Debe haber sido por eso que no apareció en su radar. Inconscientemente la excluyó, ya que no era un objetivo gourmet.

−Es extraño que tenga una cámara con un lente tan extraordinario como ese, más cuando ella parece no contar con los medios económicos para adquirirla. Es un modelo de gama alta de Canon.

Él no estaba muy familiarizado con cómo las personas comunes trataban con el dinero, pero le parecía demasiado caro como para pensar que sus padres se la hubieran dado de regalo. Parecía no trabajar a medio tiempo en ninguna parte, por lo que preguntó cómo podía tenerla en sus manos.

−Parece que ella sube sus imágenes a un catálogo de fotos online.

−Catálogo?

−Sí, y ella recibe una paga cuando sus imágenes son usadas comercialmente. De algún modo, esos archivos pueden alcanzar un muy buen precio.

Entonces Chie era lo suficientemente inteligente como para hacer eso. La curiosidad había brotado, allí donde antes solo había indiferencia. Pero este oponente era una chica que había logrado averiguar su secreto. Quizás ya era hora de que se enfrentaran en un juego. La vio pasar por el pasillo por tercera vez, una gran sonrisa se dibujó en el rostro de Tsukiyama.

Luego de que las clases de ese día terminaran, se encontró con la pequeña niña arrastrándose por el césped en una esquina del edificio de la escuela y se acercó a ella. Intentó seguir su línea de visión, esperando descubrir lo que estuviera viendo, pero no había nada, solo césped. A pesar de eso, podía oír continuamente el sonido del obturador.

−¿Qué estás fotografiando, ratoncito?

−Oh ¿estabas aquí?

Cuando oyó que la llamaba, Chie se giró hacia él y se levantó de repente.

−¡Ésta!

Buscó en la cámara y le mostró las fotos que había tomado.

−Perdóname si estoy equivocado… pero sólo veo césped.

−Correcto. Eso es porque tomaba fotos de eso.

−¿Por qué tomabas fotos de algo tan aburrido?

Que ella, que había tomado impactantes fotografías del festín de un ghoul, haya elegido a una aburrida hierba como tema… la diferencia era demasiado grande. Pero Chie estaba satisfecha. Quizás había usado las palabras equivocadas. No podía arriesgar su oportunidad ofendiéndola ahora.

−No… viéndolo de más de cerca, no está nada mal. Cada brizna de hierba forma un prisma y juntas brillan como esmeraldas… es muy interesante.

A pesar de haberla alabado, retractándose de lo que había dicho antes, ella simplemente respondió:

−Eh ¿en serio? Yo creo que es aburrido.

Demonios, ¿acaso esta chica no piensa actuar como se espera?

−Bueno, entonces disculpa –contestó Tsukiyama, cortando el tema.

Observó su expresión por un momento.

−La verdad es que hay un sitio al que quisiera ir contigo. Claro, no tengo intención de dañarte –dijo cortezmente.

Era una captura difícil, pero tenía que caer con esto.

−Estoy seguro de que podría ser intere-

−Bien.

Antes de que pudiera poner el cebo ella había aceptado de buena gana su invitación. Esto desconcertó a Tsukiyama por un segundo.

−Parece interesante –dijo Chie, mientras jugaba con su cámara.

Ya veo. Ella también podría tener un agudo sentido del olfato.

Lograr que Chie aceptara acompañarlo fue sorpresivamente fácil. Tsukiyama la condujo hacia un hospital universitario ubicado a solo unos pasos de la preparatoria.

–¿No te sientes bien, Tsukiyama-kun? –preguntó Chie, al ver hacia donde iban.

No podía quedarse tranquila, así que fue hacia el hospital fotografiando tanto el paisaje como el exterior del hospital.

–Quisiera dejar algo en claro –dijo Tsukiyama– yo realmente adoro a los humanos.

–Tanto que te los quieres comer.

–No, no me refiero solo a ese aspecto. Los seres humanos están prosperado en esta tierra a pesar de no tener garras o colmillos para sobrevivir en la naturaleza. Me pregunto ¿qué los moverá? ¿cuál será su verdadera esencia?

–Pero aun así te los comes.

–Sí, me los como.

Los entraron al hospital, se metieron al elevador, y ascendieron hasta llegar al salón principal. Estaban a solas en el elevador.

–¿Está bien si simplemente entramos a dar un paseo en un hospital como éste? –preguntó Chie casualmente.

–Oh, está bien. Todo va de acuerdo al plan.

Ellos llegaron al octavo piso. Aquí no solo había un salón, sino también un patio interior. Era un gran espacio abierto con césped y exuberantes árboles verdes que creaban un área perfecta para que los pacientes se relajaran. Había muchos de ellos charlando y riendo acompañados por sus familias.

–Pues bien, aquí estamos –dijo Tsukiyama, contemplando la enfermería.

En su interior había varias enfermeras esperando. Una de ellas era una joven que se percató de que Tsukiyama estaba observando.

–Oh, Tsukiyama-kun ¿otra vez por aquí? ¿Y quién es ella? …oh, ¿no es el uniforme de Seinan?

El “angel de blanco” les sonrió mientras saludaba. Ella debió haberse sorprendido al ver a esa pequeña niña vistiendo el uniforme de la preparatoria Seinan pues, sin importar como lo miraras, Chie no parecía estudiante de preparatoria.

–Ella es amiga mía.

–¿Lo soy? –preguntó Chie, mirando con recelo.

–Las personas que comparten un secreto normalmente se llaman amigos –contestó Tsukiyama.

–Son muy divertidos –bromeo la enfermera al escuchar su diálogo.

De cualquier modo, ellos eran demasiado distintos.

–Verás, mi familia tiene profundas conexiones con este hospital. Y ya que el ambiente aquí es muy agradable, a veces vengo a leer. En una oportunidad ella me habló y así nos empezamos conocer. Ella es muy amable y cortés, también es muy popular entre los pacientes. Aunque bueno, con una sonrisa tan hermosa eso no es extraño.

–Ya deténgase Tsukiyama-kun, eso es demasiado.

La enfermera estaba ruborizada, pero Tsukiyama continuó.

–Si solo ella… no estuviera experimentando un amor tan triste.

–¡E-espere, Tsukiyama-kun!

Como para demostrar lo mucho que se lamentaba por su amor no correspondido, hizo un movimiento exagerado y presionó su mano contra su pecho, y sacudió la cabeza sin dejar de contar la historia de amor.

–El médico del que se enamoró parece no notarla. Si solo se encontraran en la situación adecuada estoy seguro de que el caería rendido ante esa sonrisa.

Con sus más profundos sentimientos expuestos, la enfermera se había puesto muy nerviosa, pero las palabras de Tsukiyama trajeron una amarga sonrisa a su rostro.

–Ojalá eso fuera cierto… –murmuró la enfermera.

Pero justo en ese momento la sombra de una persona apareció detrás de su espalda.

–¡Charlando indiscretamente con hombres jóvenes! –gritó alguien.

Venía del interior de una habitación de hospital y pertenecía a un paciente que parecía tener noventa años de edad. Su rostro estaba surcado con innumerables arrugas y era completamente calvo. Se acercó a la enfermera y la abrazó por detrás.

–¡Gyaaah! –gritó la enfermera, volteándose para quitárselo de encima– ¡usted tiene que dejar de hacer eso!

–¿Eh…?

Extrañamente, Chie había tomado una foto justo en ese instante.

Chie toma una foto en el momento exacto.jpg

–Ya veo…

Luego de soltar a la enfermera sonrió y se giró para volver a su habitación. Ella sonrió pesadamente.

–Tengo que acompañarlo a su habitación ¡nos vemos más tarde!

Mientras se alejaban, Tsukiyama le explicó a Chie:

–Ese anciano padece una enfermedad al corazón, por esto está aquí. A veces se le puede ver vagando por ahí, acosando sexualmente a las jóvenes enfermeras. También olvida de inmediato lo que hace, por lo que no siente culpa alguna.

Además, también olvidaba lo que le hacían. Pero Tsukiyama prefirió no mencionar eso.

–Parece ser mucho más influyente que los médicos del hospital, nadie puede decirle nada.

Chie no parecía estar escuchando su historia en lo absoluto, tenía la mirada fija en la pantalla de su cámara digital. Estaba totalmente inmersa en sus asuntos, pero a él no le importaba.

Tsukiyama se acercó a su oído y le susurró:

–Quiero invitarte a ver mi cena de mañana.

Ella se movió con sorpresa y lo miró.

–Sin embargo, me gustaría que te ganaras el puesto por ti misma. Mañana, el sábado a la medianoche, quiero que te cueles en la habitación del anciano y abras la ventana. Estoy seguro de que serás capaz de tomar fotos maravillosas.

Este fue el cebo. Quería que su imaginación volara, y dejar que su pequeño corazón se acelere. Tsukiyama estaba esperando una respuesta.

–Está bien –dijo Chie, dejando a un lado su cámara.

–Esta será una cena divertida –pensó Tsukiyama, mientras sus labios se curvaban en una sonrisa.

Ya había oscurecido a las siete treinta, cuando Hori Chie llegó sola al hospital universitario. Hoy era el día en que había acordado reunirse con Tsukiyama.

Había una razón para llegar tan temprano. Si lo piensas bien, colarse en el hospital durante la noche hubiera sido mucho más difícil. Probablemente todas las puertas estarían cerradas, y tendría que burlar a los guardias de seguridad. Por eso decidió entrar haciéndose pasar por un visitante.

Fue directamente al baño de chicas. Una vez dentro se metió a un cubículo, abrió su mochila, sacó un pijama y se lo puso. Dejó la ropa que se había quitado en la mochila, la cerró y se colgó la cámara al cuello. Ahora solo necesitaba encontrar un escondite para sus cosas.

Fue hacia el patio del hospital. El camino estaba bordeado por azaleas. Tratando de no llamar la atención, metió la mochila en lo profundo de los arbustos, donde la luz no llegaba. Luego caminó un rato por los alrededores, cerciorándose de que estuviera completamente oculta.

–Ah.

  • Ding-dong*


– “Recordamos a nuestros visitantes que el horario de visita terminará pronto”.

El horario de visita se extendía hasta las 21 horas. Luego del aviso, los visitantes comenzaron a abandonar el hospital uno tras otro. Muchos pacientes se acercaron a la entrada para despedirlos.

Se quedó allí un rato, mirando distraídamente lo que pasaba. Incluso si se paseaba por allí, solo parecía una escolar de primaria o secundaria. Es probable que la gente creyera que simplemente era una niña que se sentía sola luego de que sus padres se fueran a casa.

–“El horario de visita ha terminado”.

Poco tiempo después de que se hiciera el anuncio la entrada fue cerrada. Chie se coló con el resto de los pacientes cuando volvían a sus habitaciones. El hospital tenía un flujo constante de más de mil pacientes. Incluso trabajando en el hospital, no había forma en que alguien pudiera recordar a todos los pacientes. Pasó frente a médicos y enfermeras, pero nadie pareció sospechar. Se metió al ascensor junto a los demás pacientes.

–Veamos…

Había llegado al salón principal del octavo piso. Todo sería más difícil a partir de ahora.

A diferencia de los médicos y enfermeras que se encargaban de la atención ambulatoria, la gente aquí seguramente conocía a la casi todos los pacientes. Además de eso, la planta estaba llena de gente de avanzada edad. Si una chica que parecía ser una estudiante de primaria o secundaria se paseaba por ahí seguramente llamaría la atención.

Una vez más, Chie se metió al baño para no ser vista por la enfermera que tenía el turno de noche. Cerró la tapa del inodoro, se sentó y esperó un rato. Aún había ruido en el salón principal, podía sentir pasos yendo y viniendo de un lado a otro. De vez en cuando entraba un paciente al baño, pero ya que había varios cubículos nadie se preocupó de que uno estuviera ocupado por tanto tiempo.

Comenzó a jugar con su cámara y pasó el rato viendo las fotos que había tomado. No solo las que había tomado del hospital ayer, sino también la de Tsukiyama devorando a ese hombre.

–…Oh.

Tras casi una hora, música clásica comenzó a sonar en el salón. Chie levantó la cabeza.

Eran las 22 horas y las luces comenzaron a apagarse a medida que la canción llegaba a su fin. Incluso las luces que se encontraban afuera del baño se habían apagado. No había rastro de nadie.

Chie permaneció allí un buen rato, y solo luego de media hora salió del baño. Con suaves pasos se asomó al pasillo, no parecía haber nadie. Sin embargo, pequeños rayos luz venían de un par de habitaciones, supuso que algunos pacientes aún estaban despiertos. Para no hacer ruido, se quitó los zapatos, los tomó en sus manos y continuó caminando.

El puesto de la enfermera estaba en el centro de la planta. Cuando se asomó, vio a dos personas que parecían ser enfermeras. Se agachó para no ser vista, y lentamente pasó por el puesto. Las enfermeras parecían estar llenas de trabajo, por lo que no se percataron de ella.

–Aquí estamos.

El lugar al que finalmente había llegado no era un gran salón para eventos, sino una habitación ubicada en una equina de la planta. Era la habitación del anciano que había conocido ayer. Ella puso su oreja en la puerta y oyó unos fuertes ronquidos que venían del otro lado. Chie deslizó suavemente la puerta abierta.

–¿…?

Al hacerlo, un olor suave y dulce vino a ella. No, era una fuerte fragancia. Se preguntó si sería algún perfume el que olía así, notó que las luces estaban apagadas. Era difícil ver, por lo que fue cuidadosa al entrar a la habitación.

–Ah, está durmiendo.

Junto a la ventana se hallaba una gran cama. Las cortinas estaban cerradas, pero podía distinguir al viejo que había acosado ayer a la enfermera. Agitó su mano delante de él, pero no reaccionó.

–Holaaa… –dijo en voz baja.

Pero el anciano no despertaba. Entonces tocó ligeramente su mejilla.

–…él no despierta.

Parece que estaba en un profundo sueño. Quizás le habían prescrito pastillas para dormir. Si ese era el caso no despertaría fácilmente. Por lo que se relajó y comenzó a observar el cuarto.

–¡Wooow!

¿Enserio podía decirse que esto era una habitación de hospital? Era muy amplia y no solo contaba con su propio baño, sino también con una ducha. Además había un sofá, una mesa y una nevera. Incluso lucía mejor que un cuarto en un hotel comercial.

Chie se sentó en el sofá y contempló al anciano. Si era capaz de alojarse en un cuarto tan extravagante sin duda debía tener bastante dinero, tal como Tsukiyama había dicho. Como prueba de su influencia, habían varios tipos de presentes alineados sobre un estante, incluyendo un precioso ramo de flores, pasteles e incluso frutas. Chie se levantó y se fijó en una particular fruta que estaba en la parte superior del estante. Parecía muy cara, pero la tomó de todas formas. Era un mango, y parecía ser el origen de ese olor dulce que inundaba el cuarto. Le parecía extraño que despidiera un olor tan fuerte así que la observó con mayor detenimiento, descubriendo que la parte trasera estaba descolorida y descompuesta.

–Hm…

No tenía a alguien que organizara lo regalos que recibía, aun cuando parecía tener un buen número de visitantes. Tampoco había rastros de que se hubiera usado el cuchillo que estaba junto a la fruta, lo que indicaba que nadie se preocupaba por dársela a comer. Chie volvió a sentarse en el sofá y miró las fotos que le había tomado ayer al anciano.

–Es cuestión de tiempo…

Ya eran las 23:55, casi la hora acordada. La muchacha se estiró y se tumbó en el sofá. La luz de la luna se colaba por un hueco entre las cortinas.

–¿…?

Escuchó pasos que se acercaban por el pasillo, se puso de pie inmediatamente y se mantuvo alerta. Alguien había avanzado a través del silencioso pasillo y había entrado a la habitación de un paciente, luego salía al pasillo y entraba a habitación de otro paciente. Seguramente era una enfermera que estaba patrullando, por lo que tarde o temprano entraría al cuarto en que ella se encontraba.

–Uh oh…

Miró a su alrededor buscando algún sitio para esconderse. El baño o la ducha eran buenas opciones, pero los pasos de la enfermera ya estaban demasiado cerca.

–Supongo que no se puede evitar.

Chie usó su pequeña estatura y se metió bajo la cama. La puerta se abrió de golpe tan solo algunos segundos después de que ella se ocultara, la luz de una linterna iluminó la habitación. La enfermera probablemente revisaría al paciente y luego se iría. O eso es lo que pensaba, pero inesperadamente cerró la puerta y no se acercó al anciano. En lugar de eso, fue hacia el estante y se detuvo ahí.

 –¿Qué estaría haciendo? –se preguntó Chie.

Podía oírse el crujir de envoltorios y algo que sonaba como si alguien estuviera masticando algo.

–…los dulces.

Al parecer la enfermera se comía los regalos del anciano sin permiso. Mientras comía, se le acercó. Desde su escondite Chie solo podía verle los pies. Estaba usando unos lindos zapatos de enfermera, por lo que debía ser una mujer. Entonces, un fuerte sonido de algo que parecía ser una palmada resonó en la sala. Quizás se estaba quitando la suciedad que los dulces habían dejado en sus manos.

–Hey, ¿estás vivo? –preguntó la enfermera.

Se oyó otra vez el mismo sonido, aunque más fuerte.

–Vamos, responde. Si no compruebo que sigues con vida no puedo pasar a la siguiente habitación.

Era una voz fría. Las bofetadas comenzaron a sonar otra vez.

–Uuuugh… –gimió el anciano, lo que no evitó que la enfermera siguiera golpeándolo.

–Qué ¿está vivo después de todo? Qué asco. No tiene sentido que alguien como usted siga con vida. Solo debería morirse. Todos creen lo mismo, debería estar muerto. ¿Por qué está aún con vida? ¿Acaso es idiota? ¡Simplemente muera! ¡Háganos un favor y muera! –gritó, mientras abusaba violentamente del anciano.

Pero lo que había llamado la atención de Chie no fue la atroz golpiza que el anciano estaba recibiendo, sino la voz del autor de la misma. Estaba segura de haber escuchado esa voz antes.

La enfermera observa que el anciano sigue vivo.jpg

El sonido de los golpes llenaba la habitación. De pronto, hubo un estruendo.

–¿Qué es lo que ven mis ojos? ¿No es nuestro encantador ángel de blanco? –dijo alguien.

Esa era claramente la voz de Tsukiyama.

–¿Q-q-qué? –dijo la enfermera, que estaba tan sorprendida que se torció el pie y cayó al suelo.

Chie, todavía bajo la cama, podía ver su rostro. Era la enfermera de ayer.

–Eh ¿por qué… Tsukiyama-kun? E-espera un momento… ¡estamos en un octavo piso!

–Perdón por romper la ventana. Solicité que fuera dejada abierta, pero parece que cierto ratoncito es un poco caprichoso.

Mientras Tsukiyama se adentraba un poco más en la habitación, Chie salió de debajo de la cama.

–T-tú eres la que estaba con Tsukiyama-kun ayer… ¡¿qué está pasando?! ¡¿qué hacen aquí?!

–Disculpe, permítame decir algo primero. ¿Qué piensas de su trabajo ratoncito? Ella abusa de pacientes como éste, noche tras noche –dijo Tsukiyama, señalando a la enfermera.

La enfermera no entendía completamente en el aprieto en que se había metido, pero se dio cuenta de que estaba empezando a convertirse en la peor situación que podría imaginarse. Comenzó a temblar de miedo. Mirando fijamente a la enfermera, Tsukiyama quitó la manta de la cama. El cuerpo del anciano quedó expuesto.

–Miren esto, hay signos de hemorragia interna.

La enfermera hizo una mueca.

–Así como él olvida lo que le hace a los demás, también olvida lo que los demás le hacen a él. No entiende por qué le haces daño, ni siquiera lo recuerda. Por eso es que los demás creen que él mismo se provoca las lesiones. Y así termina la historia. ¿No es un maravilloso argumento? Es perfecto ¡bravo!

Tsukiyama se volvió hacia la enfermera y aplaudió. Con un último aplauso, se detuvo y lentamente movió su mano hacia el área en que el hombre tenía la hemorragia. Lo pellizcó.

Una sonrisa de placer se dibujó en el rostro de Tsukiyama.

–Bueno, llegó la hora de la cena.

  • Rriiip* Un sonido rasgado resonó en la sala.


Entre sus dedos, Tsukiyama sostuvo el trozo de piel que le había arrancado al anciano.

–¡¡¡Ahh!!! –gritó frenéticamente la enfermera.

–Verás, se dice que la piel de un hombre de avanzada edad es una delicia. Posee un aroma único y su textura la hace muy adictiva para algunos, es muy popular.

Tsukiyama colocó lentamente la piel en su lengua. Cerró los ojos para saborearla plenamente y la enrolló cuidadosamente sobre su lengua. La masticó suavemente y dejó que se deslizara por su garganta.

–¡La sequedad perfecta de la piel en contraste con la parte interna, tan suave y empapado en sangre, la fusión de esa textura con un fuerte sabor estimulando la lengua, es una harmonía absoluta! –dijo, con los ojos muy abiertos.

Extendió los brazos y se inclinó hacia atrás como mirando al cielo, sus ojos se habían teñido de un rojo profundo.

–N-no puede ser…

Su kakugan brillaba.

–…Q-que es-ah, ¡aaaah! ¡¡dueleee!!

Así que el dolor finalmente había alcanzado el cerebro del anciano y lo había despertado.

Tsukiyama se humedeció los labios alegremente y fue hacia él.

–En comparación con las mujeres, la esperanza de vida de un hombre es más corta, y el número de los hombres llegan a los noventa años es muy reducido ¡Alguien tan viejo como usted es raro y sumamente valioso!

Una vez más, Tsukiyama pellizcó la piel del anciano y la arrancó.

–¡!Gwaaaaaaaaaaaaahhh!!

–Su piel se funde en la lengua como una fina capa reseca ¡como si fuera polvo! ¡Qué delicia!

–Po-por favor déjame, por favor paraaaa…

–De hecho, una de las cosas agradables de la piel de un anciano es que se desprende muy fácilmente ¡Y la forma en que se obtiene hace que la escena sea mucho más emocionante!

Tsukiyama desgarraba enérgicamente la piel del hombre. Ante tal monstruosa escena la enfermera no podía ponerse en pie.

–Tsukiyama-kun… ¿e-eres un ghoul? –preguntó, con voz ronca y temblorosa.

Tsukiyama masticó y tragó lentamente la piel.

–Ah, yo soy “el gourmet”, quien solo elije a las presas más refinadas.

El anciano, que había entrado en pánico, salió de la cama y anduvo sobre sus manos y rodillas, tratando de alcanzar la mano de la enfermera.

–¡A-ayúdeme, ayúdeme!

La piel de la mano que extendió el anciano había sido removida, por lo que su carne era visible.

–¡Ayúdeme, haré lo que sea! ¡Le daré lo que sea, dinero, inmuebles! Se lo ruego, por favor…

Los brazos del hombre eran tan delgados como la madera seca, y sus ojos estaban inundados de lágrimas. Pedía ayuda. Sus dedos estaban extendidos frente a los ojos de la enfermera.

–¡¡Aléjate, maldito viejo asqueroso!! –gritó la enfermera, que había recobrado sus sentidos.

Incluso estando el anciano en tal estado, la enfermera lo pateó con todas sus fuerzas. Justo en ese momento, una luz iluminó la habitación, era el flash de una cámara, acompañado del sonido de un obturador. Chie había capturado la escena en el momento justo en que la enfermera pateó al viejo.

–¡Qué excéntrico! ¡Fue fascinante de principio a fin!

Tras pronunciar esas palabras, agarró rápidamente el cuello de la pijama de Chie y la levantó con facilidad para verla directo a los ojos.

–Sin importar lo mucho que los demás estén sufriendo, continuas persiguiendo tus intereses. ¡Me gusta! Creo que, en definitiva, solo hay una cosa que ha hecho prosperar a la humanidad y a su inmenso deseo de vivir. Procuran mantener una buena imagen y se relacionan con los demás para su propio beneficio, pudiendo traicionarlos fácilmente si aquello les conviene. ¡Es la crueldad la que los ha mantenido con vida hasta ahora! Sin embrago…

Tsukiyama sonrío.

–¡¡Hasta aquí llega el juego!!

Dicho eso, sacó a Chie por la ventana. Si llegaba a soltarla se estrellaría contra el suelo, lo que significaba una muerte segura. El viento soplaba, las cortinas revoloteaban. El caos que había en la habitación hace un rato había dado paso a un momento de absoluto silencio.

–Respóndeme ¿qué ves en este momento?

Disimuló una sonrisa de diversión, y para revelar todo y llegar al fondo de esto, quitó uno de los dedos con que sujetaba a la chica.

–Tu miedo está brotando, la desesperación se apodera de ti. El mundo pierde todo color y tu corazón se detiene… –pensó Tsukiyama.

Ahogado, el cuerpo de Chie temblaba y su cuerpo se sacudía. Ahora, sus opciones eran muy limitadas. Ella podía tratar de huir y resistirse desesperadamente, o podría suplicar patéticamente por su vida, esas eran sus opciones. En cualquier caso, algún atisbo de emoción en su interior de su corazón tenía que empezar a surgir al estar siendo sacudida por el viento.

Tsukiyama quitó otro dedo.

–Entonces ¿qué tipo de persona eres?

Faltaba poco para que la soltara, y ella estaba llamando a la puerta de la muerte. Tsukiyama esperó por su respuesta.

–¡¿…?!

Pero las palabras que esperaba nunca llegaron. Después de mirar tranquilamente el cielo, ella lo miró a los ojos y sujetó su cámara. Lo enfocó a través del visor y tomó la fotografía.

Tsukiyama agarra del cuello a Chie.jpg

–Sí… esto es bueno.

Incluso en el último instante, con la muerte frente a ella, se las arregló para tomar una fotografía tal y como lo hacía siempre. Esto hizo que a Tsukiyama se le pusiera la piel de gallina.

Ella no era un fracaso como persona para pensar que a ella no le importaba sacrificar todo. No, para ella, cada ser vivo existía en el mismo plano. Era un sistema de valores que superaba la ética, hacía que ella viera a todos por igual. Sin fronteras entre humanos y ghouls, perros y gatos, o cualquier ave o pez, todo era lo mismo. Esto hacía que ella aceptara las cosas tal y como eran, dejando que su curiosidad la lleve a donde sea y tomando fotos que la motiven. Era una pureza sin límites, no había forma de vivir más instintiva que ésta.

Quizás su espíritu se asemejaba al suyo, buscando persistentemente comidas gourmet.

–¡Pero que interesante!

Tsukiyama la tomó firmemente y la trajo nuevamente al cuarto.

–¡Uf!

El sentido del equilibrio de Chie debe haberse visto afectado mientras estaba colgando en el aire, porque cuando él la puso de nuevo en el suelo, se tambaleó y casi cayó. Pero se recuperó de inmediato y se puso de pie.

–Ah… estoy viva ¡Qué suerte! –exclamó aliviada.

A pesar de haber escapado de la muerte solo por poco, se regocijaba de su supervivencia en forma casual. De repente, algo pasó por la cabeza de Tsukiyama.

–Ya veo ¡ahora lo entiendo! ¡eres una mascota! –dijo felizmente, había encontrado su respuesta.

–¿Eh? –exclamó ella, perpleja.

–Me preguntaba por qué no podía encontrarte apetitoso en lo más mínimo ¡pero ahora todo tiene sentido! ¡Es como lo humanos y sus mascotas! Ratoncito, ¡a partir de hoy serás mi mascota!

–Um, no.

Chie se negó de inmediato y comenzó a ver las imágenes que había tomado.

Sin importarle su rechazo, Tsukiyama la palmeó en la cabeza

–¿Es este el agrado que sienten algunos humanos por los gatos que no quieren estar cerca de ellos? ¡Qué fascinante!

Viéndolo de esa forma, también su tamaño era bastante práctico, parecía fácil de mantener.

Chie dejó la cámara y miró a Tsukiyama.

–Ah, por cierto, Tsukiyama-kun, ¿has oído hablar de los mensajes programados en los blogs? –dijo ella, cambiando abruptamente de tema.

–Claro, es esa función en que escribes un artículo y eliges el momento en que se publicará con anticipación.

–Así es. Lo cierto es que programé la publicación de la foto que te tomé la otra noche mientras cenabas, se subirá a la una en punto.

Era esa imagen brutal en donde podía verse a simple vista que él era un ghoul. Así que ella había planeado subirlo a internet. A pesar de eso, no parecía tener intención de amenazarlo.

–Lo configuré en caso de que mi cuerpo no pudiera ser encontrado, realmente no me gustaría eso. Entonces escribí “!El culpable es Tsukiyama Shuu-kun! ¡Es estudiante del Senior High School, afiliado a la Universidad Seinan Gakuin, por favor captúrenlo!”. Pero sobreviví, así que debo eliminarlo.

Parecía torpe al principio, pero eso fue algo muy inteligente.

Chie miró por la ventana de la que había estado colgando hace un momento, y señaló un arbusto que se encontraba un poco lejos de donde estaban, había escondido sus cosas ahí.

–Ahh, pero ¿cómo saldré de aquí? No es como si pudiera caminar por el hospital e irme tranquilamente ¿o sí? No, no creo que sea posible ahora –dijo confundida, mientras masajeaba su sien con los dedos índice haciendo movimientos circulares.

Al ver esto, Tsukiyama estalló en carcajadas. La actitud de esa chica, que no había planeado nada más allá de esto, no podía catalogarse de ninguna forma. Ella era un ser único llamado Hori Chie.

–Entonces ¿nos despedimos?

El día había sido lo suficientemente satisfactorio, sus asuntos aquí habían acabado.

–¡¿Hm?!

Tsukiyama agarró a Chie y la puso bajo su brazo, luego puso un pie sobre el borde de la ventana. Al otro lado de la habitación el anciano lloraba profusamente, la enfermera se encogió y contuvo el aliento cuando él le devolvió la mirada. Su mirada la hizo temblar de miedo.

–Creo que nosotros tres podemos llegar a ser buenos amigos –dijo Tsukiyama, sonriendo.

–¿Qué…? –preguntó sorprendida, sin entender aun lo que eso significaba.

Sin responder, Tsukiyama saltó ligeramente por la ventana.

–¿Qué se supone que significa eso…?

Su vida ya no corría peligro. Sin embargo, ella aún no dejaba de temblar y se quedó sentada en el suelo un rato. Estaba demasiado alterada, se sacudió para que su cuerpo pudiera moverse.

Quien primero se puso de pie no fue ella, sino el anciano que había estado arrastrándose en suelo. Pero se derrumbó al instante y comenzó a llorar.

–¡Ay, owww!

El ver la desagradable herida de hombre la hizo recobrar un poco la compostura. Puso sus manos en la pared y se puso de pie lentamente. Por el momento, tenía que volver a la enfermería y reportar al ghoul. Fue hacia la puerta de la habitación. Entonces, un grito desgarrador resonó en el cuarto.

–¡No voy a olvidar esto!

La enfermera se volvió hacia él con sorpresa.

–¡¡No voy a olvidar todas las cosas que me hiciste, no lo haré!!

El anciano sin piel, sangrado en todas partes, fulminó a la enfermera con un destello de lucidez en su mirada.

–¡Lo expondré todo! ¡Dejaste que me hicieran esto! ¡No puedes cuidar adecuadamente a un paciente, maldita mujer!

Con un crujido, algo se rompió dentro de ella. Algo que se había desgastado hasta que finalmente llego a su límite. Bajó la mano que había extendido hacia la puerta, y sin decir palabra alguna se dirigió hacia el anciano.

Ella pasó por su lado y, de uno de los bolsillos de su blanco uniforme, sacó aquellos guantes que siempre llevaba consigo. Se detuvo frente a la fruta que había en el estante y tomó algo en completo silencio.

–Q-qué…

La enfermera se volvió hacia el anciano. La luz de la luna que entraba por la ventana resplandeció sobre el filo del cuchillo.

Ya habían pasado algunas semanas desde el incidente en el hospital universitario. Un día luego de la escuela, Tsukiyama bebía café en una cafetería cercana. Frente a él estaba sentada Hori Chie, que engullía una crêpe.

−Hey, ¿supiste lo que pasó después del incidente?

Luego de llenar su estómago, Chie abrió su laptop y comenzó a teclear. La giró para mostrar lo que había en la pantalla.

Era el titular de un impactante artículo: “Paciente masacrado, tragedia en el hospital universitario”.

La víctima era un paciente de sexo masculino de 94 años de edad. Su piel había sido arrancada, pero si hubiera sido tratado con la suficiente rapidez podría haber sobrevivido. Y, a pesar de ello, en el titular del artículo podían leerse las palabras “masacre” y “tragedia”.

−Parece como si me responsabilizaras por este crimen, me entristece.

El artículo también decía: “La enfermera que patrullaba durante el turno de noche trató de proteger al paciente de un ghoul, pero perdió la conciencia tras ser atacada y herida por él”.

−Fue tu culpa en primer lugar, Tsukiyama-kun –dijo Chie, volviendo a tomar su laptop.

−Ella siempre había ocultado esa crueldad, lo presentía.

Tras oírlo, Chie revisó las fotografías de su cámara y seleccionó una en particular. Una vez más, era la imagen del anciano aferrado a la enfermera.

−Oh, cierto. Regresé al hospital y me reuní con la enfermera.

−Vaya, también tienes buenos instintos.

Para la enfermera ella era la chica que le había tomado una foto en medio de una situación crítica. Dependiendo del caso, ella podría haberla perjudicado pero, como de costumbre, Chie había atravesado tranquilamente un peligroso puente.

−Como sea, desde que se convirtió en la “heroica enfermera de la tragedia” parece complacida por como actuó en el hospital.

−¿Ah, sí?

−Sí, gracias a eso ella finalmente fue capaz de empezar a salir con el médico del que había estado enamorada. Está agradecida de ti, Tsukiyama-kun. Dice que eres como un dios.

El mundo es cruel. Una buena acción no necesariamente ayuda a una persona, y una mala acción no siempre se contrapone a la felicidad. Y es justamente eso lo que lo hace tan interesante.

−No hay nada más poderoso que la reina de la tragedia… −dijo Tsukiyama, lamiendo los restos de café que habían quedado en sus labios− esperaré el momento en que esté flambeada en felicidad.

Pero no era suficiente. Esto era insatisfactorio. Sus papilas gustativas lo anhelaban. Un extravagante platillo gourmet, que le diera felicidad y lo llevara al éxtasis.


FIN


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